El juicio de Salomón y la Madre

La Biblia da testimonio de Dios; la Biblia testifica a Dios Elohim (Dioses): Dios Padre y Dios Madre. Los 66 libros de la Biblia nos hablan constantemente no solo de la verdad de Dios Padre, sino también de la verdad de Dios Madre, a través de la relación entre Adán y Eva, la historia de la familia de Abraham, la profecía de la nueva Jerusalén, etc.

Conocer a Cristo como Padre y Madre es el misterio más grande de la Biblia. El dios de este siglo (Satanás) ha cegado la mente de las personas, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo (2 Co. 4:4). Solo los redimidos por la sangre de Cristo pueden recibir la sabiduría y el conocimiento de Dios y comprender el misterio de Dios.

El juicio sabio de Salomón

El juicio sabio de Salomón
El juicio sabio de Salomón

Salomón es conocido como el hombre más sabio del mundo. Él fue hijo del rey David y el tercer rey de Israel. Fue famoso por su sabiduría; y las personas del mundo venían a escuchar su sabiduría.

La Biblia dice que Salomón recibió sabiduría de Dios. Él ofreció miles de holocaustos y oraba ansiosamente, y finalmente Dios se le apareció en un sueño. Entonces Salomón pidió a Dios sabiduría y entendimiento para juzgar con justicia. Constantemente se levantaban disputas entre su pueblo; por eso, pidió sabiduría para juzgarlos sabiamente como su rey, de modo que pudiera discernir entre lo correcto y lo incorrecto, para que ninguno sufriera la injusticia de ceñirse a un falso juicio.

Dios le concedió no solo sabiduría, sino también riquezas y gran honor, lo cual él no había pedido. El rey Salomón superó a todos los reyes de la tierra en riqueza y en sabiduría. La sabiduría de Dios se vio reflejada en la decisión de Salomón. Entre todas sus decisiones judiciales, la Biblia registra precisa y únicamente el caso en el que Salomón descubre quién era la verdadera madre.

1 R. 3:16-28 『[…] dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa […]. Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey. El rey entonces dijo: […] Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar.』

No existían testigos, y las dos mujeres en disputa por un bebé vivo apelaban a la justicia de Salomón, cada una diciendo ser la madre del bebé con vida. Salomón descubrió a la verdadera madre del bebé por el amor hacia su hijo, y le devolvió a su hijo vivo.

En el juicio de Salomón, comprendemos que la sabiduría que Dios le dio le permitió discernir quién era la verdadera madre. La Biblia da testimonio de Dios, y todo lo que está escrito en el pasado se escribió para nuestra enseñanza (Jn. 5:39, Ro. 15:4). La historia del juicio de Salomón entre las dos madres, no fue escrito para que admiremos su sabiduría, sino para testificar a Dios y enseñarnos algo espiritual.

La sabiduría de Dios manifestada en el juicio de Salomón

La sabiduría de Dios manifestada en el juicio de Salomón
La sabiduría de Dios manifestada en el juicio de Salomón

Dios dio sabiduría a Salomón, lo cual le permitió conocer quién era la verdadera madre y devolverle su hijo a la verdadera madre. De igual manera, Dios en su sabiduría nos ha hecho conocer a la Madre celestial. Hemos recibido a nuestra Madre celestial; al igual que Salomón, debemos ayudar a conocer a la verdadera Madre a las pobres almas que están vagando por el mundo.

Gá. 4:26-31 『Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre. Porque está escrito: Regocíjate, oh estéril, tú que no das a luz; prorrumpe en júbilo y clama, tú que no tienes dolores de parto; porque más son los hijos de la desolada, que de la que tiene marido. Así que, hermanos, nosotros, como Isaac, somos hijos de la promesa. Pero como entonces el que había nacido según la carne perseguía al que había nacido según el Espíritu, así también ahora. Mas ¿qué dice la Escritura? Echa fuera a la esclava y a su hijo, porque no heredará el hijo de la esclava con el hijo de la libre. De manera, hermanos, que no somos hijos de la esclava, sino de la libre.』

La Biblia claramente nos dice que existe nuestra Madre espiritual arriba (en el cielo). Nosotros éramos ángeles del cielo, pero nuestros pecados nos separaron de nuestra Madre e hicieron que fuéramos arrojados a la tierra. Debido a los pecados que cometimos en el cielo, perdimos la memoria y no pudimos recordar a nuestra Madre. Nuestros pecados causaron que la Madre viniera del cielo a esta tierra (Is. 50:1). El apóstol Juan vio en visión a la nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero, que descendía del cielo. “Más son los hijos de la desolada que de la que tiene marido.” Esta profecía implica que nuestra Madre hará crecer a sus hijos sola aquí en la tierra, pues ella tiene más hijos que la que tiene marido. Esta profecía se cumplirá después de la ascensión de nuestro Padre.

El maligno enseña que la Madre no existe

El maligno enseña que la Madre no existe
El maligno enseña que la Madre no existe

La Biblia claramente revela la existencia de la Madre espiritual. Sin embargo, nuestro adversario el diablo ha estado engañando a todas las personas por miles de años, haciéndoles creer que la Madre no existe. Él enseña la mentira, y los que carecen de entendimiento creen en ella. En Apocalipsis, podemos ver que Satanás engaña a todas las personas de la tierra.

Ap. 13:6-15 『Y abrió su boca en blasfemias contra Dios, para blasfemar de su nombre, de su tabernáculo, y de los que moran en el cielo. Y se le permitió hacer guerra contra los santos, y vencerlos. […] Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, […]』

Satanás es el engañador de los engañadores. Cuando tentó a Eva en el huerto del Edén, pervirtió inicuamente la palabra de Dios y los engañó, haciéndoles seguir su camino. Y ahora está engañando a todos los moradores de la tierra, haciéndoles creer que la Madre no existe. Podemos ver claramente la palabra “Madre de todos nosotros” escrita en la Biblia. No obstante, la mayoría de las personas niegan la existencia de la Madre y la rechazan, aunque pueden encontrar fácilmente la palabra “Madre de todos nosotros” en la Biblia. Esto se debe a que espiritualmente han sido engañados por Satanás. Una vez tentados, no pueden aceptarla, a pesar de muchas claras y contundentes evidencias.

1 Jn. 5:18-19 『Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Sabemos que somos de Dios, y el mundo entero está bajo el maligno.』

Nosotros pertenecemos a Dios, pero el mundo entero está bajo las reglas del maligno. El diablo, el inicuo, crea muchas mentiras y se las enseña. Una de ellas es que Dios Madre no existe. El mundo entero ha sido engañado por sus falsas enseñanzas.

Piense en el árbol de la ciencia del bien y del mal. Comer del fruto de este árbol ocasionaba la muerte. Sin embargo, cuando Adán y Eva miraron el fruto después de haber sido tentados por Satanás, se veía bueno para comer, y agradable a los ojos, y también codiciable para alcanzar la sabiduría. Al ser engañados, perdieron la capacidad de discernir entre el bien y el mal.

Testimonios bíblicos de nuestra Madre celestial

Testimonios bíblicos de nuestra Madre celestial
Testimonios bíblicos de nuestra Madre celestial

Necesitamos recibir sabiduría de Dios, como Salomón, para poder diferenciar a nuestra verdadera Madre. A través de la historia de la creación de seis días, podemos encontrar claramente a nuestro Padre y también a nuestra Madre, los Creadores.

Gn. 1:26-27 『Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.』

Dios creó al hombre a su imagen, y fueron creados el varón y la mujer a imagen de Dios. Esto prueba que existe una imagen masculina y otra femenina de Dios. Llamamos “Padre” a la imagen masculina de Dios. ¿Cómo debemos llamar a la imagen femenina de Dios? Cuando Dios creó al hombre, dijo: “Hagamos al hombre”. Fue Elohim (Dios Padre y Dios Madre) quien dijo: “Hagamos”.

El diablo sabe muy bien que si nuestros ojos espirituales se abren para reconocer a nuestra Madre, su mundo se destruirá pronto. Por lo tanto, lo que él más teme es que la gloria de nuestra Madre sea revelada. Eva es la enemiga de la serpiente, como está escrito en Génesis.

Gn. 3:14-15 『Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.』

Existe una enemistad entre la serpiente y la mujer, Satanás y la Madre. Dios puso enemistad entre ellas a fin de revelarnos a la Madre celestial. La serpiente antigua, el diablo, es básicamente la enemiga de nuestra Madre, y también nuestra enemiga.

Si los que están del lado de la Madre se fortalecen, naturalmente los que están del lado de Satanás se debilitarán. La serpiente hiere nuestro calcañar, pero nosotros debemos herirla en la cabeza, y finalmente vencerla. Mientras que un golpe en la cabeza es fatal, el golpe en el calcañar no causará la muerte.

Bajo la antigua ley, aquel que no obedecía a su padre y a su madre debía morir, siendo considerado como contumaz y rebelde (Dt. 21:18-21). Las leyes de Dios dadas en el Antiguo Testamento eran solo una sombra de las cosas celestiales. La ley de Deuteronomio 21 muestra que si alguno no obedece al Padre y a la Madre espirituales, no obtendrá la vida eterna, sino que caerá en destrucción.

Si no encontramos a nuestra Madre, llegamos a ser huérfanos espirituales. Satanás, que sabe esto, ha engañado al mundo haciéndoles creer que la Madre no existe. Por eso la gente ni siquiera puede pensar en Dios Madre, llamando a Dios: “Padre, Padre”. Sin embargo, nosotros le pertenecemos a Dios: nuestro Padre nos ha hecho conocer a nuestra Madre celestial y nos ha guiado a sus brazos. Verdaderamente damos gracias a nuestro Padre por esto.

La divina providencia revelada por el sol, la luna y las estrellas

La divina providencia revelada por el sol, la luna y las estrellas
La divina providencia revelada por el sol, la luna y las estrellas

La existencia de Dios se nos hace evidente por medio de la naturaleza creada por él. Podemos confirmar la existencia de nuestra Madre celestial a través del sol, la luna y las estrellas.

Gn. 37:9-10 『Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el sol y la luna y once estrellas se inclinaban a mí. Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?』

José, el decimoprimer hijo de Jacob, tuvo un sueño en el cual el sol, la luna y once estrellas se inclinaban ante él. Cuando contó el sueño a su familia, su padre lo reprendió, diciendo: “¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?” ¿Por qué Jacob interpretó al sol, la luna y las estrellas como símbolos de su familia?

Esto no es solo un sueño. A través del sueño de José y su interpretación, Dios nos ha hecho conocer nuestra relación con la familia celestial: nuestro Padre representado por el sol, nuestra Madre por la luna, y nosotros los hijos por las estrellas. Cuando el apóstol Pablo escribió a las iglesias de Corinto, él explicó que el sol tiene su propia gloria, la luna otra gloria, y las estrellas una gloria diferente.

1 Co. 15:38-41 『pero Dios le da el cuerpo como él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo. No toda carne es la misma carne, sino que una carne es la de los hombres, otra carne la de las bestias, otra la de los peces, y otra la de las aves. Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.』

Existen muchas estrellas, y una estrella difiere de otra en gloria, como Dios dice en los versículos anteriormente mencionados. “Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento, y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad” (Dn. 12:3). De igual manera, los hijos de Dios son comparados con las estrellas. Por consiguiente, el sol representa al Padre, la luna a la Madre, y las estrellas a los hijos.

El poder invisible y la naturaleza divina de Dios se reflejan en todas las cosas (Ro. 1:20). La naturaleza creada por Dios es la maestra que nos muestra la providencia de él. En el día, cuando el sol brilla, la luna y las estrellas no aparecen. Sin embargo, cuando el sol se oculta detrás de las montañas, entonces aparece la luna, acompañada de las estrellas.

Dios dijo que él nos daría a sus hijos, honra y alabanza entre todos los pueblos de la tierra en los últimos días (Sof. 3:18-20). Para esto, el ministerio del evangelio del Padre, comparado con el sol, debe completarse con la aparición de nuestra Madre, comparada con la luna. Por ello, el Padre realizó su ministerio de 37 años según la profecía del rey David, y luego comenzó a aparecer la gloria de la Madre y la nuestra. Sin la Madre, no podemos alcanzar la salvación eterna ni participar en la gloria celestial. Para evitar que la gente entienda esto, el diablo ciega sus ojos, cubre sus oídos y endurece sus corazones.

Seamos como Salomón

Jesús dijo la siguiente frase: “Como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas”. Los polluelos corren al oír el llamado de su madre, y no el llamado de su padre. De igual manera, al oír la voz de amor de la Madre, los hijos del cielo, esparcidos por todo el mundo, podrán regresar.

La Madre ruega con lágrimas: “No dañen a mis hijos”, soportando dolores eternos. El llanto ansioso de la Madre será un mensaje de vida que despierte a los espíritus de los hijos engañados por Satanás.

Debemos estar siempre gozosos, porque nuestra Madre celestial está con nosotros. Con la fe firme en la existencia de la Madre, los hijos de Sion debemos estar de pie contra los inicuos engaños del diablo, quien trata de cegar nuestras mentes para que no podamos reconocer a la Madre. Seamos todos como Salomón y ayudemos a nuestros hermanos y hermanas, que están vagando como huérfanos por todo el mundo, para que conozcan a nuestra Madre y la encuentren.

Col. 3:1 『Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.』

Los hijos de Dios deben encontrar a la Jerusalén de arriba, la Madre celestial. Nuestro perverso enemigo el diablo nos difama y nos atrae con mentiras, con el propósito de que no conozcamos la existencia de la Madre. Sin embargo, nosotros le pertenecemos a Dios, nuestro Padre y nuestra Madre.

¡Hijos de Sion! No olvidemos el amor y la gracia de nuestro Padre y nuestra Madre celestiales, que han venido para salvarnos. Tenemos la obligación de predicar las buenas nuevas hasta el fin de la tierra. Al igual que Salomón, guiemos a nuestros hermanos y hermanas dispersados en todas las naciones, hacia los brazos de amor de nuestra Madre celestial, quien siempre cuida la vida de sus hijos. ¡Hagamos que ellos escuchen la voz ansiosa de nuestra Madre!